viernes, abril 11, 2008

A raíz del estreno de la muy interesante Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón, conviene echar un vistazo a cómo ha tratado el cine la banda terrorista ETA. La muerte del penúltimo presidente del gobierno franquista Carrero Blanco fue recogida en primer lugar por Comando Txikia. Muerte de un presidente (1977, José Luis Madrid), considerada más bien flojita (la presencia en el reparto de Juan Luis Galiardo y Paul Naschy dan algunas pistas del producto), oportunista, aunque muy polémica en su momento debido a las amenazas de grupos de ultraderecha (desconozco de qué hace apología el film, si es que hace de algo). La siguiente película en abordar el atentado de Carrero Blanco fue la apologética (me chirrían alguna proclamas étnicas de los terroristas) y casi documental Operación Ogro (Gillo Pontecorvo, 1979). Varias películas de Imanol Uribe se acercan al tema: El proceso de Burgos (1979), La Fuga de Segovia (1981) (los títulos de ambas películas hablan ya de por dónde van los tiros, nunca mejor dicho); me gusta especialmente La muerte de Mikel (1983), sobre la imposibilidad de vivir líbremente de un homosexual en el entorno nacionalista, me parece impagable cómo se retrata ese reaccionario mundo; se considera que en la estimable Días Contados (1984) trató de humanizarse a los terroristas, cosa que me parece una tontería notable, ya que el hecho de enamorarse y follar no está reñido, desgraciadamente, con matar a tus semejantes (hay que recordar que en la novela homónima de Juan Madrid el personaje central es un simple fotógrafo y ni hay terroristas ni nada). Otro que toca el asunto en varias películas es el siempre reivindicable Mario Camus: en La Rusa (1987) lo hace de manera indirecta y en la no muy conocida Sombras en una batalla (1993) se atreve a hablar del enamoramiento entre una ex-etarra (una Carmen Maura siempre correcta, pero algo increíble) y un ex-gal; otra buena película del director cántabro es La Playa de los Galgos (2002), donde se habla de manera emotiva de las consecuencias de la violencia. Otra película controvertida y muy mal distribuida fue Ander eta Yul (1989, Ana Díez), que no gustó ni a nacionalistas vascos ni a españolistas y que a mí me parece cojonuda; la antigua amistad entre un traficante de drogas y un terrorista abertzale sirve para contar de manera feroz cómo la banda terrorista se considera "el único Estado y la única policía" (línea de diálogo del guión que lo dice todo). Daniel Calparsoro parece que contó la mismo película de siempre, con ETA de telón de fondo, en A ciegas (1997); naturalmente, la protagonista era Najwa Nimri. En la correcta Yoyes (2000, Helena Taberna) se cuenta cómo acaba la banda con sus voces críticas, cuando le señalan los "medios fascistas y estalinistas" que emplea. La postmodernidad nos ha traído algo como El Lobo (2004, Miguel Courtois), donde trata de idealizarse a alguien que probablemente fue poco más que un chivato (está producido por la división audiovisual de El Mundo, cuya búsqueda de sensacionalismo no tiene límites). Varios documentales de calidad hablan centralmente del conflicto vasco o de los asesinos de ETA y sus víctimas; Trece entre mil (2005, Iñaki Arteta Orbea) da voz a las víctimas, La pelota vasca (2003, Julio Medem) da voz a todo cristo o Asesinato en febrero (2001, Eterio Ortega), que habla del asesinato de Fernando Buesa y de su escolta. Me dejaré bastantes películas en el tintero, las cuales no he visto o no conozco. Espero que se escriban muchos más guiones que hablen directamente, y de manera seria y analítica, de la banda terrorista ETA, sin estúpidas y muchas veces interesadas polémicas. Para mí, es también una forma de combatir y desmitificar el terrorismo.

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