sábado, mayo 31, 2008

Llevo tiempo sin escribir aquí, dedicado a otros menesteres y a otras escrituras. Pienso sinceramente que no aportaban demasiado las entradas de un blog con un título demasiado ambicioso y unas intenciones que tal vez escapaban a mi modesta capacidad: desmenuzar, desde un punto de vista muy personal, las ideas que se esconden en las películas. Esto es lo reivindicable para mí, que todas las obras fílmicas esconden ideas, valores de diversa índole, intencionalidades políticas -o al menos reflejo de su tiempo-...; detrás de la idea de "mero entretenimiento", no hay más que un reduccionismo pueril, unos muy malos tiempos para la reflexíon filosófica. No creo, por supuesto, que todo esto que estoy diciendo esté reñido con la diversión delante de una gran pantalla, con el espectáculo, pero sí consideró el cine como arte (elevación de los sentidos para el espectador). Naturalmente, habrá muchas obras que estén subordinadas a cuestiones meramente comerciales y espectaculares, otra forma de limitarse, ya que esos parámetros comerciales son algo abstracto para mí, pero rara vez podrán estar exentas las artes narrativas y escenográficas (y en el cine confluye todo) de aquello que digo. Vamos, eso es lo que yo opino. Las acusaciones de "politización" también me parecen mediocres y reduccionistas, todo tiene una lectura política y el arte también. En fin.

Lo que sí hago es ir al cine con cierta frecuencia. No está la cartelera madrileña para muchas alegrías, no he visto nada auténticamente memorable. Otro problema para los que somos tan exigentes, la insatisfacción continua, va a ser lo mío de terapia. Es broma.

Casual Day me pareció una buena película. Tiene una historia muy concreta que contar, buenos actores (aunque Juan Diego está de nuevo algo excesivo y Luis Tosar pide a gritos un papel amable en una comedia) y una más que correcta factura. Para todos aquellos que disfrutaron con Smoking Room, esta película está muy emparentada (mucho más que con la artificiosa El método -muy superior la obra de teatro original-, con la que también se ha comparado). Los personajes caen algo en el estereotipo y las situaciones resultan convencionales, pero ya digo que se tiene tan claro lo que se está narrando que la cosa funciona. Todo lo que sea ahondar en estos tiempos de mezquindad y cobardía laboral, traiciones continuas a uno mismo e hipotecarse la vida en aras de la seguridad o comodidad bienvenido sea.
Siempre se espera mucho del ya octegenario Sidney Lumet (bendita sea su capacidad para seguir currando) y lamento decir que me pareció muy fallida su Antes de que el diablo sepas que has muerto. En esta película no creo que estén bien trazados los personajes y no está claro el conflicto de cada uno de ellos más allá de la anécdota (crisis económica, mala suerte, estupidez, adicción, corrupción...). Marisa Tomei es una actriz limitadita, que tampoco es tan atractiva físicamente como para estar enseñando sus gracias en tantas películas olvidables, Ethan Hawke es otro que tal, con cara perpetua de no saber dónde está el profesor Keating, y Philiph Seymour Hoffman es un buen actor al que ya le está apareciendo algún que otro tic. Albert Finney, padre de la función, está espeluznante en su papel (no sé si es el papel o es él). Si se hubiera profundizado un poquito más en esa familia que se adivina llena de mezquindades (esa hermana, que se intuye hipócritamente correcta y fanática religiosa, que apenas aparece). Ah, y la fragmentación narrativa (que no invento Tarantino) no está mal, pero... ¿aporta algo más allá de salirse de lo habitual?
Un poco de chocolate es otra película española con buenas actores y una de las cosas más malas que recuerdo en mucho tiempo. Se ha tachado el film de vitalista (se habla del Alzheimer, o de una enfermedad similar), pero no es más que una sucesión de anécdotas sin importancia, aburridas y mal hilvanadas. A modo de ejemplo, la deriva de la película le hace apelar en algún momento también a la memoria histórica y el personaje protagonista (Héctor Alterio) saca, sin venir mucho a cuento, un carnet de la CNT en el que se puede leer República de España. Hay que decir que tal documento no existió nunca.
Cambio radicalmente de tipo de cine. Siendo un chaval leí y me espeluzné con La niebla, de Stephen King. Cuando crecí un poco dejé de atender a un King cuyas historias se me quedaban cortas, aunque hay que decir lo bien que suelen quedar en la pantalla y los muchos buenos directores que han adaptado sus novelas. El "experto" en esas adaptaciones Frank Darabont (un tipo que dirigió Cadena perpetua se merece más oportunidades) ha decidido ahora adaptar aquella novela, de las pocas tal vez que quedaban sin versión fílmica. El resultado es más bien extraño, aunque con cierto atractivo y con un tramo final osado, negrísimo y que resulta un mazazo desconcertante para el espectador. La historia no daba para mucho, pero Darabont decide alternar las concesiones más ridículas a la comercialidad (la primera aparición de un monstruo resulta olvidable) con ciertos análisis de la naturaleza humana (más cercanos a Hobbes que a otros, con cierta ironía sobre la creación artificial y autoritaria de la política y de la religión) y de nuestra supuesta condición civilizada. La cosa funciona a medio gas: se alarga demasiado el fanatismo religioso, que va ganando adeptos ante la inexplicable crisis que escapa a toda visión racional; las intenciones son ambiguas (cosa que resulta tal vez una virtud en este tipo de historia), al mencionado integrismo religioso se une una denuncia de la investigación científica al servicio de lo militar (pero el argumento es tan ridículo, que poco queda de eso), de una racionalidad utilitarista, jurídica y escéptica (que tampoco va muy allá, en el personaje del abogado; por cierto, que este tipo de color convenza a los de su raza para que le sigan no sé si habría que analizarlo), y los monstruos resultan el despiporre de lo fantástico (no voy a desvelar de donde surgen, aunque parece claro desde el principio), con alguna secuencia sacada de Aliens. Merece la pena disfrutar de una gran actriz como Marcia Gay Harden, a la que suelen dar papeles de perturbada. Una curiosidad es que existe otra película con este título, dirigida por John Carpenter y sin nada que ver con King, con una utilización de la amenaza nebulosa mucho más inteligente y un argumento más solido (sobrenatural también, pero con unas ironía impagable). Al comienzo de esta película de Darabont, se ve en el estudio del protagonista, pintor de carteles de cine, un trabajo suyo para La cosa, otra buena película también de Carpenter. Tal vez sea un guiño cinéfilo y algo extraño.

1 comentarios:

A las 11:57 p. m. , Anonymous Anónimo ha dicho...

Que alegria volver a leerte Capi! Te echabamos de menos.

 

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