lunes, mayo 12, 2008


Rififi (cuyo título original Du rififi chez les hommes, dirigida en 1955 por Jules Dassin, que realiza también con talento un papel en el film) figura, con todo merecimiento, entre los grandes títulos del género negro (en concreto, en el cine de atracos). Su complejidad y riqueza, la gran influencia que ejerció sobre el cine posterior, hace que sea una obra que brille con luz propia en la historia del género. Especialmente memorable es la secuencia (que dure tal vez más de 20 minutos) en la que realizan, con precisión matemática, sin diálogo alguno, el robo (por la técnica del butrón, aunque según me han dicho, durante un tiempo, dicho método se conoció en España como "hacer un rififí"). Después del éxito de la empresa, en una primera parte que funciona como un mecanismo de relojería, un último tramo de la película en la que se produce un trágico destino para los protagonistas supone que el codiciado botín sea casi un McGuffin hitckconiano. Los protagonistas, debido al descuido del gusto por las faldas de uno de los miembros de la banda (una especie de imperfección en un sistema aparentemente perfecto, que da lugar a la teoría del caos), personaje que interpreta el propio director con sentido de la ironía en principio y asumiendo su fatal destino después, serán víctimas de hampones rivales, que pretenden disfrutar de un botín que no se han trabajado. Y el espectador en ese punto está plenamente identificado con esa banda de "profesionales" que ha ejecutado un golpe maestro. Eso es precisamente lo que se ha alabado de esta gran obra, su capacidad para implicar al espectador convirtiéndole en un protagonista más. Tal vez, cierto moralismo, no demasiado molesto (comprensible también, ya que se producen víctimas colaterales en el mundo del crimen) es el punto más débil del film; un gran acierto desde mi punto de vista es que la policía apenas aparece durante el metraje, siendo únicamente una amenaza de la que se presume que el espectador es consciente. Junto a algunos títulos de Jacques Becker y de Jean Pierre Melville es una de las grandes obras que ha generado la cinematografía francesa. Como tantas veces, de un material literario discutible se realiza una maravilla cinematográfica. Truffaut dijo lo siguiente de Rififí: “...De la peor novela policíaca que jamás leí, Dassin hizo el mejor film de cine negro que jamás hubiese visto. Todo es inteligente: el guión, los diálogos, los decorados, la música... La dirección es un prodigio de recursos e inventivas. Dassin rueda el film en la calle bajo el viento y la lluvia, y descubre París a los franceses, igual que les descubrió Londres a los ingleses y Nueva York a los norteamericanos. Tras las sonrisas de los tres actores – el amargo Jean Servais, el luminoso Robert Manuel y el triste Jules Dassin, a pesar de sus toques de humor- adivinamos al cineasta; un hombre tierno, indulgente y amable capaz de contarnos una ennoblecedora historia de personajes perseguidos por su destino...”.

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2 comentarios:

A las 11:41 p. m. , Anonymous IALUBLU ha dicho...

Que pasa colega?. Llevo tiempo sin entrar y veo que no escribes nada desde el 12 de mayo, por cierto sobre algo nada actual. Que hay de los ultimos estrenos?. Yo lo flipe con Antes que el diablo.. que pasada el Seymour ese! Y que buena esta la Tomey aunque de actriz tenga lo que yo de madero, jojojo. Joder, tenia curiosidad por leer tu opinion. Salud!

 
A las 6:54 p. m. , Blogger Capi Vidal ha dicho...

Tienes toda la razón. Me fui de puente y no he tenido ni un hueco para escribir sobre cine. Estoy pensando en dejar este blog y centrarme en "Reflexiones...", donde puede haber cabida también para algo del celuloide, es difícil mantener dos blogs con un mínimo de coherencia.
He visto la última de Lumet y no me ha gustado. Creo que los personajes no están bien construidos: si el conflicto de todo el asunto es la falta de afecto por parte del padre, la cosa me resulta aún más patética. La Tomei es una pésima actriz (dicen que su Oscar fue una equivocación de Jack Palance al leer la nota) y tampoco su físico es para tanto. Ethan Hawke se le quedo cara perpetua de "poeta muerto", y a Hoffman ya le estoy empezando a ver algún que otro tic. En fin, que creo que a medida qu me hago mayor me vuelvo todavía más gruñón y exigente.

 

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